Una cultura de etiquetas

Editorial. Abril 2016. Aniversario.
 

Por: Ricardo González

Nunca he terminado de entender nuestro afán como sociedad de querer saber cosas irrelevantes y de poner especial énfasis o atención a sinsentidos. Por ejemplo cuando conocemos a alguien “nos interesa” saber su nombre y edad, tal como si fuéramos expertos perfiladores de la Interpol, decidimos en automático darle prioridad al nombre de una persona antes que a sus gustos, intereses, capacidades, etc. Las contrataciones se siguen influenciando de forma lamentable por títulos y nombres de universidades antes que por habilidades, peor aún, aspectos físicos se siguen significando como valores definitorios o influenciadores en el ámbito profesional. En resumen, nos manejamos bajo una cultura de etiquetas.

Estoy completamente de acuerdo en que la pulcritud, valores y educación en su aspecto más básico son una obligación del ser que busca destacar, sin embargo la citada cultura de etiquetas nos ha llevado a esquemas mecánicos de relacionamiento que restringen cada vez más una integración real de los individuos en sociedad, resultando en una nula capacidad de entender las necesidades reales de cualquier mercado al que nos dirijamos como empresas o prestadores de servicios; las posibilidades de tener una solución a algo son mínimas cuando no podemos ver el problema. Una mirada directa a los ojos, tres minutos de charla atenta, un interés profundo sobre la persona que tenemos enfrente nos acerca más a la realidad que buscar el sabor del melón tamborileándolo por fuera. Por cierto, nos llamamos Reseller Magazine y esta edición cumplimos nueve años de este hermoso viaje.

Nos vemos el próximo mes, justo ahí o en un lugar mejor…