De cada década

Editorial. Abril de 2017
 

No hay forma posible de ser justos con una década para intentar plasmarla en un libro, revista y menos aún en un texto editorial. Nada ni nadie puede detener el tiempo, tampoco puede repetirse o volverse a ver igual, todo lo acontecido en nuestras vidas es una serie de recuerdos personales que atesoramos en nuestra memoria con la sazón única con la que la interpretamos, de cada quien depende qué hechos son mayores a nuestra vida y cuáles vivirán enterrados para siempre, lo que quiere decir que cada quien es dueño de elegir su historia, los hechos siempre son iguales, pero la historia personal es diferente para cada quien.

Somos niños ante una caja de juguetes nuevos que elegimos divertirnos con la caja de cartón que los envolvía, pero con la soberbia suficiente para pensar que la elección fue nuestra y que como seres poderosos, inteligentes y capaces de manejar nuestro destino nada influyó en nuestra decisión más que uno mismo. Nada es más falso que eso, somos la insignificante parte de la última migaja de un pan olvidado en un tiempo más corto que un aleteo de colibrí y al mismo tiempo la más grande obra de la vida de un titán inmortal, somos todo y nada con la única meta aceptable desde mi interpretación de trascender a través de nuestras acciones.

En una década la vida de todos nosotros ha cambiado tanto que al voltear la caja de recuerdos tal vez no nos reconozcamos. Diez años han sido suficientes para no creer en lo sagrado, para ser puesto a prueba, entregar todo a la nada, dejar ir a mi padre y mi hermano, llorar como perro pateado, ser golpeado en el orgullo, dudar de uno mismo y volver a dudar… También han sido suficientes para reír como loco, amar como nunca, ganar nuevas y grandes amistades, experimentar sin miedo y sobre todas las cosas para cambiar lo imposible por hechos.

El desfile de caras, personas, sentimientos, anécdotas, lugares, viajes, comidas y eventos de estos diez años que me llegan a la mente es una fila enorme que se pierde al horizonte, llegar hoy a esta meta tan especial no es obra de casualidad, menos aún del esfuerzo de un par de personas, detrás de estas letras hay un profundo agradecimiento a tantas personas que con su entereza, profesionalismo, cariño y compromiso nos hacen estar parados, de frente, radiantes y listos para seguir avanzando juntos. Mi familia, mis hermosas mujeres, mi madre, mis muertos, mis amigos: ¡Gracias!

Nos vemos el próximo mes, justo ahí o en un lugar mejor…