¿De qué lado del caos nos pondrá la tecnología?

Editorial. Junio de 2017
 

Por: Ricardo González

Desde la llegada del nuevo milenio y la inercia ganada desde la década de los 70’ con el crecimiento exponencial de la tecnología y la intercomunicación a distancia con la telefonía fija se dio comienzo a una era incontenible de avances tecnológicos, automatización industrial, generación, consumo y segmentación de datos que elevaron a niveles incalculables hasta entonces los índices de productividad de las empresas en una relación que durante muchos años fue pareja entre generación de riqueza, productividad y empleos. Nadie imaginó que las bondades de crecer con la mecanización industrial, robótica, comunicaciones y hoy en día la interconexión global de dispositivos (internet de las cosas) fuera también uno de los detonantes principales de un caos global sin proporciones.

Mientras la automatización crece, existe una contraparte en la pérdida gigante de empleos y la cada vez más desproporcionada remuneración de la parte media y baja de los empleos al tiempo que la demanda por emplearse sube y la oferta cae en tobogán. Este fenómeno denominado el “gran divorcio” es mayormente agresivo en los países más desarrollados afectando prácticamente a todos los escalones sociales, desde la omisión completa de personal para empaquetar compras, cobros de acceso a lugares públicos o estacionamientos, operadores de producción avanzados o no, mensajería, docencia, traducciones, contabilidad y si, también un decremento de oferta por empleos especializados. De acuerdo con una declaración hecha por el banco canadiense Scotiabank en marzo de este año, 9 de cada 10 puestos de trabajo manufacturero estadounidense se perdieron por la automatización y no precisamente por el Tratado de Libre Comercio entre Canadá, Estados Unidos y México.

No se trata de satanizar los avances técnicos de nuestra generación ni buscar de manera retrógrada el estancamiento del conocimiento, sin embargo es imperativo hacer un alto y mirar quizá una década adelante para concebir en nuestras mentes el deterioro económico y social que las políticas actuales de adopción tecnológica en pos de la productividad causarán. Si la división entre clases baja y media se pierde en una mezcla de miseria y falta de oportunidades laborales es obvio imaginar que el costo para los gobiernos será altísimo en cuestiones de salud y manutención social mientras que el caos será amo y señor de la sociedad. ¿Existe oportunidad de una nueva forma de adopción tecnológica sustentable? ¿De qué lado del caos estaremos?

Nos vemos el próximo mes, justo ahí o en un lugar mejor.