Una mano adelante y una atrás

Editorial. Noviembre de 2017
 

Por: Ricardo González Contreras

Decía mi padre cuando estuvo enfermo: “La diferencia entre tú y yo es que yo tengo fecha de caducidad… esto te obliga a ver todo desde otro ángulo” y si, cuánta razón tenía desde el otro lado del espejo obligado a mirar las cosas con la dureza de lo desconocido clavado en el pensamiento profundo. Nos sentimos maduros y pensantes con la soberbia de nuestra falsa inmortalidad, pues es que a nosotros eso nunca nos pasará, yo si me cuido, yo no ando en esos ambientes y miles de razones por las cuales se supone a nosotros no nos tocará la carta mala y por eso como adolescentes tenemos licencia de seguir sin pensar. Hasta que nos salga la carta temida y que muy pocas veces llega en forma de aviso.

La realidad es que todos estamos formados en la misma fila, aunque pasemos la vida entera sin saberlo y nos demos cuenta hasta que vemos de frente la taquilla. Para fortuna, algunas veces pasa alguien y nos da pistas, otras veces es necesario caernos o que nos llamen la atención con un jalón de orejas de director de primaria para voltear alrededor y darnos cuenta que existe un mundo larguísimo y lleno de cosas lindas para quedarnos por siempre y que solo la necedad obscurece. Este mes en esta empresa fuimos testigos de lo que un aviso significa y que esperamos honrar con una mejor perspectiva a la vida, pero sobre todo con un profundo agradecimiento a los amigos que se hicieron valer como hermanos mayores. Muchas gracias.

Nos vemos el próximo mes, justo ahí o en un lugar mejor…