Hecho irrefutable vs ofensa

02/02/18
 

Hace algunos días quedé con una amiga para vernos a la una de la tarde. La reunión era para revisar el avance de un taller que estamos impartiendo juntas, llevamos tres semanas y no habíamos tenido tiempo de revisar el avance de los participantes y cómo se está desarrollando. Además, habíamos agendado una reunión para una hora más tarde, nos reuniríamos con la junta directiva de la asociación. El plan era grandioso y muy productivo, mi agenda se había sincronizado perfectamente.

Eran la una y media y ella no aparecía, empecé a señalar su falta, su impuntualidad y como era posible que no tuviera el menor interés en conversar sobre los participantes y el taller.

¿Esto te suena familiar? Una falta o descortesía pueden arruinar tu día, los proyectos no se cierran, los clientes no consideran que también tienes un trabajo, el cual te exigen que sea eficiente, y también una vida familiar y personal.

Antes de continuar con el hecho de que esto te puede arruinar el día, vamos a detenernos y observar que es lo que nos lleva al enojo o enfado.

En este relato, el hecho irrefutable es que mi amiga no llegó a tiempo, ¿cómo lo sé? Nuestro acuerdo era vernos a la una de la tarde, y vi el reloj marcando una treinta de la tarde. Aquí está la prueba siendo correcta, cierta y verdadera mi aseveración. Treinta minutos de retraso.

Y me doy cuenta, que basada en ese hecho irrefutable, mi mente entonces me ayuda a elaborar la ofensa. Y la ofensa se crea a partir de lo que yo creo. ¿Qué significa que ella llegue tarde? Primero dirijo mis cañones a ella: No le interesa en lo absoluto el taller o revisar el status de los participantes. Es una desorganizada. Siempre la tengo que andar arreando. Me va hacer que llegue tarde a la siguiente reunión. Luego los dirijo a mí: Yo tengo la culpa por andar solapándole esto. Buscando siempre trabajar en equipo. Ahora tendrás que trabajar el doble para solucionar esto y sacar adelante el taller.

Cuando abordamos un tema desde la ofensa, y te invito a que te des cuenta si lo haces, nuestra comunicación se oye algo como así: No te interesa el proyecto y mucho menos los participantes. Ahora seré yo quien tenga que resolver todo. Además, me hiciste llegar tarde a la otra reunión, que tú agendaste, diciéndome que si nos daría tiempo. En esta situación y con este diálogo la comunicación es pobre, señalamos, acusamos, nos explicamos, justificamos y damos por verdadero todo.

Este mundo bien le hace falta tener una comunicación clara, honesta y abierta. Si abordamos el tema desde el hecho, este se enriquece y encontramos maneras de ser libres. Parada en ese hecho, puedo encontrar decirle a mi amiga: Necesito revisar el status del taller y de los participantes contigo en los próximos dos días, ¿qué me sugieres para hacerlo? Es mi deseo llegar a tiempo a nuestra siguiente reunión y entrar con la mente clara, fresca y sin tensión. Y no me funciona que llegues tarde a nuestras reuniones y esta será la última vez que te espero, por favor toma nota de tu puntualidad.

En mi mundo, cuando soy clara con las personas y conmigo; mi vida se vuelve extraordinariamente sencilla. Y soy libre para decidir cómo deseo continuar la amistad con mi amiga y los proyectos que realizamos ¿Qué deseas para la tuya?

Artículo de colaboración

Por: Alicia Segreste. Performance Coach. Mail: hola@aliciasegreste.com