23 de Mayo del 2019

IoT: la otra revolución de las máquinas

El concepto de Internet de las Cosas (IoT) está cobrando una presencia cada vez más palpable en nuestra vida diaria, Si bien el IoT es una innovación radical por sí sola, su verdadero valor está en su poder de transformación. Mayo / 2019
 

 Por: Reseller / Sofía Pacheco

El concepto de Internet de las Cosas (IoT) puede sonar nuevo para muchos, sin embargo su aplicación está presente en más lugares de los que pensamos. Cuando encendemos una Smart TV, usamos un reloj inteligente para contar nuestros pasos, fijamos la ruta del GPS en la tableta del automóvil; de forma paulatina pero constante, estas tecnologías comienzan a cobrar una presencia cada vez más palpable en nuestra vida diaria.

De acuerdo a Deloitte, el IoT puede ser definido como la agrupación e interconexión de dispositivos y objetos a través de una red (bien sea privada o Internet, la red de redes), donde todos ellos podrían ser visibles e interaccionar. Esto rompe con la frontera tradicional de la tecnología, de un dispositivo plástico o metálico relleno de circuitería, para abrir la noción a los llamados “dispositivos tontos”, o aparatos que no pensábamos pudieran conectarse a internet, desde el refrigerador hasta los zapatos.

La firma señala que, desde esta óptica, cualquier cosa que se pueda imaginar podría ser conectada a internet y trabajar sin necesidad de intervención humana, el objetivo por tanto es una interacción de máquina a máquina, o lo que se conoce como una interacción M2M (machine to machine).

Sin embargo, más allá del ámbito de consumo es donde se observa la verdadera explosión de esta tendencia: en sectores industriales, donde los sensores cobran un papel fundamental en la manufactura automatizada; para labores logísticas, al emplear sistemas inteligentes para hacer más eficientes la cadena de procesos del almacén al punto de venta; en áreas de agricultura productiva, que se apoyan cada día más en este tipo de soluciones para monitoreo de cultivos.

Esto queda en evidencia cuando observamos los desembolsos que están haciendo grandes empresas para acelerar la adopción de dichas tecnologías en sus procesos, como los 745 mil millones de dólares que IDC estiman se invertirán durante este año en IoT, 15.4% más de lo que se gastó en este rubro durante el 2018.

De tales cantidades, la mayoría están destinadas a aplicaciones de manufactura, transporte y energía, lo que resalta que como usuarios actualmente solo vemos una pizca de lo que implica esta ola de conectividad y automatización, aunque su desarrollo en las diferentes aristas del mundo detonará en el futuro cercano una transformación crítica en nuestra forma de vida.

La cuestión es que no se trata únicamente de conectar dispositivos a internet, sino de generar las herramientas, aplicaciones y recursos necesarios para que éstas desplieguen una experiencia inteligente, ya no necesariamente en comunicación o beneficio de una persona, sino con foco en el M2M.

Según cifras de Cisco, se espera que para 2020 existan más de 50 mil millones de dispositivos conectados, con lo que la interacción con diferentes equipos, sensores y sistemas conectados irá más allá de la casa o ciudad al mundo inteligente.

Igualmente, Frost & Sullivan espera que para 2020 haya alrededor de 10 dispositivos IoT por casa, cinco por cada usuario de internet y aproximadamente 500 por cada kilómetro cuadrado, una perspectiva, en la que el valor del mercado ya mencionado oscilaría en unos 200 mil millones de dólares.

El escenario muestra una tendencia similar a escala América Latina, donde la consultora estima que se alcanzarán los 995 millones de dispositivos para 2023, proyectando su crecimiento a una tasa del 26.7% anual e impulsado de manera significativa por la consolidación del 5G en la región.

Si bien en México nos encontramos con una industria IoT incipiente, la realidad es que existe un rezago claro que empieza desde las telecomunicaciones. Cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) indican que en el país existen poco más de ocho millones de objetos conectados, una estadística inferior a los avances logrados en otras latitudes, incluyendo otras naciones de latinoamérica como Brasil.

Los datos resultan aún más alarmantes cuando los comparamos en proporción a la población local, ya que la penetración de IoT en el territorio llega a menos del 6.3% de los mexicanos, una proporción crítica cuando observamos que es una ruta de inversión importante para gran parte de los países en el globo.

Considerando que esto refleja en parte las brechas de infraestructura, conectividad y tecnología que experimenta nuestro país, un signo más de la desigualdad local, hay un atraso significativo no sólo para la sociedad, sino para las empresas mexicanas de las cuales se estima que un 30% de las mismas están invirtiendo en IoT, la mayoría por no comprender el impacto de esta tendencia.

Pese a su lento desarrollo, el IoT mexicano también tiene una cara optimista: las expectativas para el mercado esperan un valor de casi cuatro millones de dólares para 2022, creciendo un 23% desde 2017 y beneficiando, principalmente, a los sectores de petróleo y gas, transporte y manufactura, según Frost & Sullivan.

De ahí la necesidad de generar las condiciones adecuadas para la adopción de IoT como un factor competitivo para los negocios, lo que según Deloitte les permitiría aprovechar estos sistemas para:

Acelerar el tiempo de comercialización de servicios y productos y responder más adecuadamente a las necesidades de los clientes.

Capturar más datos sobre procesos y productos con mayor rapidez para mejorar radicalmente la agilidad del mercado.

Monetizar servicios adicionales sobre las líneas tradicionales de negocio.

Observar hacia dentro del negocio, incluyendo el rastreo de la cadena de suministro de un extremo al otro, lo que reducirá el costo de hacer negocios en ubicaciones distantes.

Tomar decisiones al instante sobre la fijación de precios, la logística y el despliegue de ventas y soporte.

Hablando incluso más allá, la convergencia del IoT es un lienzo en blanco para otras tendencias que podrían parecernos aisladas: Inteligencia Artificial (IA), BIg Data & Analytics (BD&A) y hasta robótica. Del mismo modo que la infraestructura telefónica sentó la base del internet como lo conocemos hoy en día, el boom de los sensores abrirá la puerta a una revolución tecnológica de raíz, la cual recién empezamos a experimentar.

Esto implica un reto sustancial en términos de redes, por ejemplo, las cuales necesitan estar preparadas para cubrir las demandas de frecuencia, velocidad y estabilidad que se requieren para que los sistemas de IoT funcionen adecuadamente. Visto como oportunidad, esto despliega un panorama interesante para los especialistas de este ramo, al igual que para fabricantes y distribuidores dedicados a la manufactura de hardware y chipsets que pueden aprovecharse en la creación, instalación y modificación de sensores y sistemas de respuesta, además de requerir también plataformas de software y código que puedan habilitar su operación.

Es claro que, si bien el Internet de las Cosas es una innovación radical por sí sola, su verdadero valor está en su poder de transformación, como catalizador clave de un nuevo paradigma tecnológico. La cuestión está en saber aprovechar este proceso de transición y las oportunidades que está detonando desde el corazón mismo de la industria de TI.