20 de Noviembre del 2019

El mejor “cielo” para los data centers

05/11/2019
 

Articulo de colaboracion,

por : Pablo Garcia, Gerente de Data Center y Seguridad de Century Link, Chile

En la era de la información, la inteligencia artificial y la automatización, los data centers (centros de datos) son, para todas las organizaciones, el equivalente a una mezcla entre el corazón y el cerebro de un ser humano. Se trata, nada más y nada menos, que del lugar físico y virtual en donde se encuentra no sólo el hardware y el software que habilita sus sistemas sino también el principal activo de las empresas en los negocios actuales: sus datos.

Debido a lo anterior, las organizaciones prestan especial atención a las decisiones asociadas a la selección o instalación de su centro de datos. Ya sea que se opte por servicios, en una solución de externalización parcial o total, o por un data center propio, las preocupaciones siempre apuntarán a las garantías y seguridad que ofrece el lugar elegido, tanto en lo físico como en lo virtual.

En efecto, la selección del emplazamiento para la instalación de los data centers, especialmente, de los de gran tamaño, con altos estándares y pertenecientes a quienes prestan servicios a terceros y operan de manera global o internacional no es una cuestión trivial. Este factor ha llevado a muchas compañías y grandes proveedores a mirar con atención a los países de Latinoamérica al momento de definir dónde ubicarán el corazón y cerebro de sus servicios regionales. En este escenario, América Latina, debido a sus condiciones económicas y políticas se ha convertido en las últimas décadas en un punto de atracción para grandes compañías del sector tecnológico y de telecomunicaciones. La razón es más o menos simple: hoy las fronteras y distancias carecen de importancia para la provisión de servicios basados en la nube y otras tecnologías de redes y comunicaciones.

Sin embargo, en el caso específico de los data centers para un actor internacional no basta con que un país ofrezca condiciones sociales o políticas estables, puesto que se requieren también de la existencia de

otras condiciones, tanto o más determinantes. Éstas se relacionan con la disponibilidad de una buena infraestructura de telecomunicaciones, altos niveles de conectividad física y digital, facilidades para la importación y el acceso de las tecnologías, buenos profesionales del área tecnológica y, por supuesto, un desarrollo energético seguro y actualizado.

El éxito de varios países latinoamericanos no es fruto de la causalidad, porque desde hace varias décadas vienen invirtiendo para convertirse en líderes de la región en todos los indicadores relacionados con el uso de las tecnologías, abriendo espacio cada día a un mayor nivel de innovación en las organizaciones privadas y públicas. Hoy en día, por ejemplo, con la implementación de nuevos enlaces submarinos, como el FOA (Fibra Óptica Austral) en el sur de Chile – que comenzó a desplegarse este año –, o las iniciativas público-privadas para conectar a Sudamérica con Asia a través del Pacífico, entre varios otros proyectos similares, sumados a los avances en la implementación de las redes 5G, existen pruebas tangibles de que no sólo hay voluntad y promesas, sino también cumplimientos y materialización.

Lo anterior se ve refrendado por la instalación de los centros de datos de importantes compañías en distintos países de Latinoamérica y sus provincias, como CenturyLink. Las condiciones están dadas para que la región siga incrementando su valor agregado en este ámbito porque, al igual que sucede con los ‘cielos’ del norte, no siempre se tienen tantas condiciones ambientales ideales para desarrollar nuevas infraestructuras que permitan impulsar el desarrollo tecnológico y la innovación. Sin embargo, el potencial debe concretarse con inversiones permanentes en infraestructura y nuevas facilidades para quienes optan por instalar el corazón y el cerebro de sus organizaciones en estos territorios, tomando conciencia del círculo virtuoso que suelen forjar a su alrededor los centros de datos.