En Select se analiza la incertidumbre de mecanismos económicos de manera continua. El panorama económico de Norteamérica hacia 2026 muestra una paradoja: Los pilares financieros globales están bajo presión, mientras que la integración comercial de la región se fortalece como ancla de estabilidad.
Esta dualidad marcará el contexto en el que México, Estados Unidos y Canadá se preparan para la revisión conjunta del T-MEC en julio de 2026.
La estabilidad macroeconómica global enfrenta tensiones significativas en los mercados de deuda soberana. Por décadas, los bonos del Tesoro de EE. UU. fueron considerados el activo ‘libre de riesgo’ por excelencia, pero la confianza se ha erosionado.
China ha reducido sus tenencias de bonos, con alrededor de 682.6 mil millones USD en noviembre de 2025. Menos de la mitad de su máximo histórico en 2013, como parte de una diversificación hacia otros activos como oro y reservas no denominadas en dólares.
Top 3 países tenedores de bonos del tesoro de los Estados Unidos

Volatilidad y riesgo
Esta tendencia simboliza un cambio estructural en la demanda de activos seguros. Pero también influye directamente en las tasas de interés y la volatilidad de los mercados financieros.
Para economías como la de México, tal volatilidad se traduce en mayores costos de financiamiento y presiones cambiarias. Elevando el riesgo económico en un contexto ya desafiante. Frente a esta incertidumbre financiera, el T-MEC brinda un marco de certidumbre jurídica.
Porcentaje de las importaciones de EEUU por país del T-MEC

T-MEC, clave frente a incertidumbre
Pese a la volatilidad financiera, la realidad operativa del comercio regional indica fuertes incentivos para mantener y actualizar el T-MEC.
A comienzos de 2026, México se ha consolidado como el principal importador de bienes estadounidenses. Superando a Canadá y reflejando el profundo entrelazamiento de las cadenas de suministro regionales.
La revisión de 2026 se perfila como un ejercicio técnico centrado en reglas de origen, comercio digital y facilitación comercial, más que como un riesgo existencial para el tratado.
Romper el acuerdo sería costoso para industrias clave como la automotriz, semiconductores y acero. Mismas que han crecido y diversificado gracias al nearshoring y la cooperación regional, reduciendo costos y mejorando competitividad frente a mercados asiáticos.
Mientras el mundo observa con cautela cómo se reconfiguran los patrones de deuda global y baja la confianza en el supuesto ‘activo más seguro’, Norteamérica ha encontrado en su integración comercial un refugio económico.
El T-MEC actúa como estabilizador estructural, ayudando a las tres economías a navegar altos costos laborales e inflación a través de cadenas productivas compartidas.
La revisión de 2026 será, por tanto, la prueba de fuego que demostrará si esta resiliencia comercial puede sostenerse incluso cuando los pilares financieros tradicionales muestran grietas.
Por Alan Adolfo López Arenas, analista de datos en Select