Después de la fiebre de inversión en centros de datos locales, debido a la tendencia regional del nearshoring que se dio durante 2022 y 2024. Ahora el segmento debe lidiar con diversos retos en términos de implementación, cumplimiento regulatorio y el suministro de recursos.
Actualmente, este tipo de infraestructuras se encuentran entre la promesa digital y el freno energético, algo que sucede después de la fiebre de inversión del nearshoring. Sin embargo, este año el panorama cambió de manera sustancial, con la llegada de una serie de desafíos.
A eso, se suman otros factores como la explosión de la inteligencia artificial (IA) y la cercanía con Estados Unidos. Con esto, se detonó un ciclo de anuncios multimillonarios mediante los que colocaron a Querétaro, como un epicentro de la infraestructura digital en toda la región.
Con esto, los centros de datos locales se vieron sometidos a una desaceleración, que se hace evidente en las cifras. A pesar de que la capacidad instalada, pasó de 115 MW en 2024 a 279 MW en 2026, el ritmo de crecimiento está lejos de la meta fijada por diferentes organismos.
Sin embargo, en este 2026 el panorama cambió de manera sustancial donde estos proyectos de gran escala cedieron paso a iniciativas más modestas. Además, el factor energético ahora se convirtió en la variable decisiva, para determinar qué se construye y qué se deja de lado.
En este sentido, la Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC) proyecta alcanzar por lo menos 1.5 gigawatts para el año 2030. Si bien el crecimiento existe, pero no al nivel que el sector esperaba sin embargo Querétaro sigue siendo el corazón del desarrollo del segmento.
Energía y cumplimiento entre los retos de los centros de datos locales
Dicha entidad concentra alrededor del 72 % de los centros de datos locales, algo que si bien revela su valor estratégico, también muestra una vulnerabilidad. Ya que depender solamente de una región, para sostener la infraestructura digital nacional limita algunos factores clave.
Como lo son la resiliencia, diversificación y consumo de energía entre otros recursos, por eso la expansión de dichas infraestructuras exige soluciones sostenibles. Que sean innovadoras y al mismo tiempo brinden un suministro confiable, de lo contrario se corren algunos riesgos.
También se puede perder competitividad, ante otros mercados que ya avanzan en diferentes áreas clave como energías limpias y sólidos modelos de gobernanza. Así, la comparación con Estados Unidos es inevitable, ya que tiene el 40 % del total de la capacidad de data centers.
En resumen, México pese a su potencial aún es un mercado emergente ya que la transición de megaproyectos a iniciativas de menor escala, refleja un cambio de prioridades. Es decir, ya no basta con anunciar inversiones millonarias para implementar más centros de datos locales.
Ahora la cuestión es, si existe la energía suficiente para materializarlas, algo que genera una mayor presión sobre proveedores e integradores locales. Que crecieron a un ritmo acelerado en años pasados, pero que hoy se enfrentan a un entorno más restrictivo en su habilitación.
En conclusión, nuestro país está en una encrucijada en donde se puede consolidar como uno de los hub digitales más importantes de la región. O quedar rezagado, ante una competencia global, así la diferencia será su capacidad para enfrentar el desafío energético a largo plazo.
