La inteligencia artificial generativa (GenIA) se ha convertido en una de las principales prioridades de inversión tecnológica para el sector empresarial mexicano; no obstante, la mayor parte de las empresas lo han adoptado sin un objetivo de negocio claro.
Organizaciones de todos los tamaños están destinando recursos a plataformas de IA con la expectativa de mejorar productividad, reducir costos y acelerar la innovación.
Sin embargo, el ritmo de adopción está superando la capacidad real de las empresas para integrar de forma estratégica y rentable.
Esto, genera una brecha creciente entre el gasto tecnológico y los resultados de negocio.
Los avances
De acuerdo con un estudio conjunto de Intel e IDC, 51.9 % de las organizaciones en México ya reporta iniciativas activas de GenIA.
Una tasa comparable a la adopción de inteligencia artificial tradicional en el país.
No obstante, este avance contrasta con el nivel de preparación interna de las compañías.
El Índice de Madurez Digital (IMD) elaborado por AmCham México indica que solo 41.7 % de las empresas ha alcanzado un nivel de madurez.
Lo anterior, suficiente para capitalizar tecnologías avanzadas de forma consistente.
“Estamos viendo organizaciones que adquieren herramientas de genIA sin un caso de negocio claramente definido. Sin datos confiables, procesos maduros y talento interno, la inversión se diluye y el impacto financiero es limitado”, señaló Óscar Hernández Rosales, CEO de Bluetab LATAM.
¿En qué usan GenIA?
Desde una perspectiva macroeconómica, estimaciones del sector tecnológico señalan que 38 % del tejido empresarial ya utilizan alguna forma de inteligencia artificial.
Cifra que equivale a 2 millones de empresas mexicanas.
Sin embargo, en la mayoría de los casos, su uso se concentra en tareas operativas básicas como automatización puntual, chatbots o análisis descriptivo.
Dejando de lado las transformaciones profundas del modelo de negocio, la toma de decisiones estratégicas o la generación de nuevas fuentes de ingreso.
En industrias como banca, retail, seguros y manufactura, la genIA comienza a mostrar resultados tangibles cuando se integra a procesos clave y se conecta con objetivos claros de negocio.
Casos de uso orientados a análisis avanzado, optimización operativa o soporte a la toma de decisiones están generando valor, siempre que exista una base sólida de datos y modelos adecuados de gobierno de la tecnología.
Este fenómeno responde a una adopción impulsada más por la presión competitiva y las expectativas de mercado que por una estrategia clara de retorno sobre inversión (ROI).
Muchas organizaciones incorporan genIA sin definir previamente qué problema de negocio buscan resolver, qué métricas evaluarán su impacto o cómo escalarán los resultados.
El desajuste entre adopción y madurez tiene implicaciones directas para la rentabilidad y la eficiencia operativa.
Estudios sectoriales indican que solo 3 % de las empresas mexicanas que utilizan IA lo hace a un nivel avanzado, mientras que más de 70 % permanece en etapas iniciales o experimentales.
Esto dificulta captar beneficios sostenibles, optimizar costos a escala y construir ventajas competitivas reales frente a mercados más maduros.
Además, la escasez de talento especializado en analítica avanzada y genIA obliga a muchas empresas a depender de consultores externos.
Otra opción es subutilizar las capacidades de las plataformas adquiridas, incrementando los costos totales de adopción y alargando los tiempos para ver resultados tangibles.
Desde la perspectiva empresarial, el reto ya no es acceder a la tecnología, sino gobernarla correctamente.
La siguiente fase de competitividad en México estará determinada por la capacidad de las organizaciones para alinear la genIA con estrategias claras de datos, modelos de gobierno de IA, capacitación del talento interno y métricas de negocio que conecten la tecnología con productividad, eficiencia y crecimiento.
“La próxima etapa no estará en quién compra más tecnología, sino en quién logra integrarla mejor a su operación y a sus objetivos financieros. La genIA solo genera valor cuando se mide, se gobierna y se escala con visión de negocio”, concluyó Hernández.