En el fútbol y el código abierto, el éxito no se consigue solamente con el talento individual, ya que la historia demuestra que se basa en la estrategia. En donde, la comunicación constante y confianza entre los jugadores o los colaboradores, es clave.
Al respecto, el deporte nos recuerda que la coordinación es tan importante como lo son las habilidades. Ya que el delantero depende del mediocampista, el cual genera la jugada; por su parte la línea defensiva necesita estar muy sincronizada con el portero.
Por su parte, el entrenador requiere que cada elemento dentro del campo de juego se enfoque en sus responsabilidades y entienda su rol dentro del juego. Sin la visión común, incluso los mejores talentos pueden fracasar, lo mismo sucede en la empresa.
Dentro del ámbito tecnológico corporativo ocurre algo similar. Es así como, el fútbol y el código abierto muestran que los grandes avances no nacen de esfuerzos aislados. Sino de comunidades donde diferentes perfiles colaboran, para construir algo mejor.
Sin embargo, la pregunta es inevitable: si entendemos tan bien el valor del trabajo en equipo en el deporte. ¿Por qué tantas compañías siguen operando como si cada área jugara su propio partido?, en este sentido es necesario replantearse estas estrategias.
Durante décadas, el modelo open source transformó la manera en que se desarrolla la tecnología. Con innovaciones en áreas como el cloud native, inteligencia artificial y plataformas digitales, las cuales tienen sus raíces en dichos proyectos colaborativos.
La colaboración es fundamental en el fútbol y el código abierto
De este modo, en el fútbol y el código abierto múltiples participantes contribuyen y generan soluciones de manera conjunta. Así, la razón de este éxito es clara, compartir acelera la innovación; más cuando una comunidad aporta su conocimiento y talento.
El resultado supera la capacidad individual, es decir es como un rompecabezas donde cada pieza es valiosa. El verdadero valor aparece cuando todas encajan en una misma imagen, sin embargo muchas organizaciones aún deben enfrentar desafíos internos.
Ya que crecer, no siempre significa colaborar mejor. De hecho, en las grandes compañías es común encontrar áreas que funcionan como “reinos independientes”. Con ciertas prioridades distintas y poca disposición a compartir sus aprendizajes, algo complejo.
Por esto, el fútbol y el código abierto ofrecen una metáfora contundente, ya que no todos los jugadores tienen que meter goles. Pues un equipo necesita de un portero, defensas, mediocampistas y delanteros, así las empresas deben gestionar su talento.
Para no generar duplicidad de esfuerzos, ralentización de la innovación y limitación de la capacidad de respuesta. Debido a que en lugar de jugar todos como un equipo, la empresa termina teniendo diferentes jugadores talentosos, que compiten entre sí.
Finalmente, las compañías deben reconocer que cada talento cumple un rol distinto y que la innovación surge cuando sus capacidades se complementan. Así, construir una cultura colaborativa implica generar áreas internas que compartan su conocimiento.
