La escasez global de memoria y las advertencias de los ejecutivos de chips y tecnología sobre ello, sirve como un duro recordatorio para las empresas:
Esta abrumadora demanda de la IA supera la oferta de memoria, por lo que la infraestructura de TI no debe darse por sentada.
El mayor riesgo podría residir en las oficinas administrativas de las empresas. Donde el aumento de los costos y los retrasos en la infraestructura pueden interrumpir las operaciones, los planes de inversión y el crecimiento.
La magnitud de la demanda impulsada por la IA no tiene precedentes. La rápida expansión de las cargas de trabajo de la inteligencia artificial está ejerciendo una gran presión sobre la disponibilidad de cómputo y la memoria.
Es bien sabido que la oferta se concentra en un pequeño número de fabricantes. Los costos de infraestructura están aumentando y la capacidad se vuelve cada vez más difícil de asegurar.
Esto significa para las empresas que la computación en la nube ya no está aislada de las limitaciones físicas de las cadenas de suministro globales.
Hoy, el aumento de los costos y los plazos de entrega más largos influyen directamente en las decisiones operativas. A medida que se acelera la demanda de cargas de trabajo de IA con uso intensivo de memoria,
La escasez global de memoria es un negocio riesgoso para la TI
Los proveedores de nube pública están mejor posicionados para absorber parte de este impacto. Gracias al haber asegurado los componentes con años de antelación mediante acuerdos de compra a granel a largo plazo.
Los entornos de nube privada, en cambio, están más expuestos a la volatilidad de precios y a los retrasos en el suministro.
Para las organizaciones que utilizan sistemas críticos fuera de las plataformas de hiperescala, esa exposición se traduce en mayores costos, proyectos pospuestos y difíciles decisiones sobre dónde y con qué velocidad invertir.
La escasez global de memoria podría persistir al menos durante los próximos dos años, ya que la demanda de IA sigue superando la nueva capacidad.
Pocas organizaciones pueden permitirse posponer durante tanto tiempo importantes programas de transformación, salidas de centros de datos o iniciativas de IA.
Esperar conlleva el retraso en las ganancias de productividad y el aumento del gasto operativo. Pero también el riesgo de quedarse atrás de competidores que se adaptan más rápido.
Diseñar para la resiliencia en lugar de asumir el retorno a la abundancia
Esto implica reducir la dependencia de modelos de nube únicos e incorporar flexibilidad en las opciones de infraestructura. Así como garantizar que las cargas de trabajo puedan adaptarse a las condiciones cambiantes.
En un entorno de costos volátiles, inestabilidad socioeconómica y oferta limitada, la resiliencia es una necesidad comercial.
Por otro lado, los reguladores tratan cada vez más la dependencia de la nube y de proveedores de tecnología externos como un problema sistémico de resiliencia. La lógica es clara:
La disrupción en un pequeño número de proveedores críticos tiene el potencial de repercutir en las empresas, los mercados y, en última instancia, en la economía en general.
De cara al futuro, la característica que definirá a las organizaciones modernas será su respuesta a las restricciones sostenidas, no a las disrupciones temporales.
Como han dejado claro los debates en Davos de este año, la resiliencia y el crecimiento ya no son conceptos opuestos.
En una economía impulsada por la IA y moldeada por limitaciones físicas (desde chips de memoria hasta energía e infraestructura), las organizaciones que consideren la resiliencia como parte de su estrategia de crecimiento avanzarán más rápido, no más lento.
Es poco probable que la escasez global de memoria desaparezca de la noche a la mañana.
Lo que cambiará es la seriedad con la que las empresas planifican para afrontarla. Quienes se adapten con prontitud estarán mejor posicionados para implementar la IA a escala, gestionar los costes y mantener el impulso.
Quienes no lo hagan se arriesgan a descubrir que la infraestructura, una vez ignorada, se ha convertido en su mayor obstáculo estratégico.
Por Julio César Castrejón, Country Manager de Nutanix México