Por un lado, la consolidación de la inteligencia artificial en smartphones genera una nueva economía de mercado, sin embargo puede crear brechas de acceso. En la vida cotidiana, eso no sólo redefine el modo en que interactuamos con la tecnología sino también con el sector.
De hecho, este mercado que tradicionalmente es marcado por la innovación tanto en diseño como en funcionalidad, ahora se enfrenta a un reto estructural. Un claro ejemplo de esto, es la competencia por los semiconductores, los cuales soportan cargas de inteligencia artificial.
Ya que cada modelo de IA requiere una alta capacidad de procesamiento, además entrenar y operar dichas plataformas demanda miles de chips especializados. Los cuales, son fabricados con procesos de última generación, así el problema es la capacidad limitada de producción.
Esto no implica una escasez inmediata de los dispositivos, al respecto los fabricantes suelen asegurar capacidad con años de anticipación. Así, la inteligencia artificial en smartphones es un factor que está transformando al mercado, tanto a nivel de costos como en acceso en TI.
Además, estos procesos son absorbidos en gran medida por la infraestructura destinada a la propia inteligencia artificial (IA). Lo paradójico, es que los modelos de fabricación que nutren a los centros de datos también son los que producen los procesadores de los smartphones.
En consecuencia, los modelos de gama alta y la infraestructura de IA compiten por las líneas de producción. Así se crean tensiones inéditas en la industria, así desde la perspectiva de los fabricantes de semiconductores, la decisión es pragmática en términos de costos operativos.
Se crea un nuevo mercado con la inteligencia artificial en smartphones
La adopción de inteligencia artificial en smartphones anticipa un cambio profundo dentro de la estructura del mercado. Especialmente, tanto en los precios de los dispositivos como en la diferenciación tecnológica entre segmentos, es así que se deben tomar medidas al respecto.
También se debe considerar, que un chip para servidores de inteligencia artificial genera un márgen de ganancia mucho más atractivo que uno destinado a un smartphone. Es por esto, que la capacidad instalada se orienta hacia el nicho más rentable, desplazando al consumo.
Así, el primer efecto será un incremento en el costo de los dispositivos de gama alta, no solo porque sus procesadores serán más caros. Sino porque integrar funciones de IA dentro del dispositivo exige chips más complejos, para ejecutar estos modelos sin depender de la nube.
El segundo efecto de la inteligencia artificial en smartphones, es la ampliación de la brecha tecnológica. Ya que los equipos de gama alta podrán ofrecer traducción en tiempo real, así como edición inteligente tanto de imágenes como video y múltiples asistentes inteligentes.
Mientras que los de gama baja seguirán limitados a tareas tradicionales, ya que no tendrán la capacidad de competir en términos de desempeño. Por esto, la diferencia entre un equipo de cinco mil pesos y uno de veinte mil dejará de ser únicamente, por la estética o materiales.
Al respecto, la verdadera distancia estará en la capacidad de acceder a la nueva generación de servicios basados en IA. Finalmente, con esto se redefinirá lo que significa “tener un buen smartphone”, lo que plantea un dilema social ya que la innovación, se definirá por el precio.